El rincón del Humor


#3466

NUEVE PALABRAS QUE LAS MUJERES UTILIZAN…

1.) VALE: Esta es la palabra que las mujeres utilizan para finalizar una discusión cuando han decidido que ellas tienen la razón y ahora debes callarte.

2.) CINCO MINUTOS: Si se está arreglando, significa MEDIA HORA. CINCO MINUTOS son sólo cinco minutos si te han concedido cinco minutos adicionales para terminar de ver el partido antes de salir para ayudar con la compra.

3.) NADA: Es la calma antes de la tormenta. Significa ALGO. Y deberías estar totalmente alerta. Discusiones que empiezan con NADA, normalmente acaban con VALE (Ver punto 1).

4.) NO HAY PROBLEMA (también ADELANTE-HAZLO o NO-NO ME MOLESTA): Es un reto, y para nada darte permiso. Ni se te ocurra hacerlo!

5.) GRAN SUSPIRO: En realidad, es una palabra pero habitualmente los hombres no la entienden. Un suspiro alto y claro significa que ella piensa que eres idiota y se pregunta por qué está perdiendo el tiempo discutiendo sobre NADA (Ver punto 3 para entender el significado de NADA).

6.) MUY BIEN: Esta es una de las frases más peligrosas que una mujer puede decir a un hombre. MUY BIEN significa que ella meditará cuidadosamente antes de decidir cómo y cuándo pagarás por tu equivocación.

7.) GRACIAS: Una mujer te agradece algo. No preguntes. No dudes. Solo di DE NADA.

8.) ES IGUAL (también TU MISMO): Es la forma femenina de mandarte a la mierda.

9.) TRANQUILO, LO HE ENTENDIDO (también LO HE PILLADO): Otra frase peligrosa donde las haya, que significa que aunque la mujer ha dicho al hombre en repetidas ocasiones que haga algo, finalmente lo esta haciendo ella misma. Esto más tarde empujará al hombre a preguntar “QUE PASA?” Para saber la respuesta de la mujer, ver punto 3.


#3467

Gonzalo se despierta en casa con una resaca MONUMENTAL.

Se esfuerza en abrir los ojos, y lo primero que ve es un par de aspirinas y un vaso de agua en la mesita de noche. Se sienta y ve su ropa toda bien limpia y planchada frente a él. Gonzalo mira alrededor de la habitación y ve que todo está en perfecto orden y limpio. El resto de la casa está igual.

Toma las aspirinas y ve una nota sobre la mesa: “Cariño, el desayuno está en la cocina, salí temprano para hacer unas compras. Te quiero.”

Así que va a la cocina, y ahí estaba el desayuno y el periódico del día esperándole. Su hijo también está en la mesa, desayunando.

Gonzalo le pregunta, “¿Hijo, qué pasó ayer por la noche?”

Su hijo le contesta: “bien, pues volviste después de las 3 de la madrugada, borracho. rompiste algunos muebles, vomitaste en el pasillo y te pusiste un ojo morado cuando te diste contra la puerta.”

Confundido, Gonzalo pregunta: “¿Y cómo es que todo está tan limpio y ordenado, y el desayuno esperándome en la mesa?”

Su hijo contesta: “Ah, eso!.. Mamá te arrastró hacia el dormitorio y cuando intentó sacarte los pantalones, tú gritaste: " Quieta perra, Soy casado!!!”

Conclusiones:

  • Una resaca autoinducida: 200 eu
  • Mobiliario roto: 600 eu
  • Desayuno: 20 eu
  • Decir la frase adecuada: no tiene precio…

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:rofl:
Genial


#3469

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Dedicado a @ElDruida, que una vez me dijo que tenía tanta carretera que ya había visto a la niña de la curva en plena recta

Buenas, me han pasado esto que me ha puesto los pelos de punta. A ver que os parece…

Esto sucedió hace algún tiempo, y aunque parece sacado de una película de Alfred Hitchcock, dicen que fue real…

Un hombre estaba parado a la orilla de la carretera a medianoche haciendo
autostop, a la vez que estaba cayendo una tremenda tormenta.

Esto sucedió la madrugada de un 31 de Octubre.

Pasó un tiempo pero nadie se paraba para llevarlo. La tormenta era tan
fuerte que apenas sí se alcanzaba a ver a unos 3 metros de distancia.
De repente, vio cómo un extraño coche con las luces apagadas se acercaba lentamente y al final se detuvo frente a él.
El hombre, sin dudarlo por lo precario de su situación, se sube al coche
y cierra la puerta. Mira hacia el asiento de al lado y se da cuenta con
asombro de que nadie va conduciendo el coche.

El coche arranca suave y pausadamente…

El hombre comienza a escuchar voces que susurran algo que no entiende, y oye jadeos y quejidos, pero no hay nadie dentro del coche. Mira hacia
adelante, a la carretera y con horror se percata de que delante hay una
curva.

Asustado, comienza a rezar e implorar por su salvación al advertir su
trágico destino. Aún no ha terminado de salir de su espanto cuando, justo
antes de llegar a la curva, aparece una mano tenebrosa por la ventana del
chofer y mueve el volante lentamente pero con firmeza.
Paralizado del terror y sin aliento, medio cierra los ojos y se aferra con
todas sus fuerzas al asiento; inmóvil e impotente ve cómo sucedía lo mismo
en cada curva del oscuro camino, y los quejidos y jadeos aumentaban en cada momento, lo que le provocaba tal espanto que cada vez se acurrucaba mas en el asiento. El hombre, que era un viejo marino y conocía abundantes historias de barcos fantasmas, está convencido que se ha subido a un coche fantasma.

De pronto escucha unas voces jadeantes que le dicen: “No te escondas, que te vemos…¿por que te escondes?”

Totalmente helado por el pánico, tras varios segundos sin atreverse a
contestar, y ante la insistencia de las voces que le repetían lo mismo una
y otra vez, responde…

“¡Por favor no me hagais nada!, ¡Por favor no!”

A lo que se escucha una voz ronca, fuerte y clara que le dice…

¿Que no te hagamos nada Desgraciado?, como no salgas del coche y empujes como los demás, te vamos a inflar a OSTIAS!!!


#3472

:joy::joy::joy:


#3473

EUSKERA FÁCIL GADITANO DIFICIL

Me llamo Mikel Gorriarán, llevo 15 días en Cádiz y me estoy, o me están volviendo loco.

Os contaré mi historia. Soy investigador privado y he venido a Cádiz a resolver un caso simple. Pero la verdad es que a cada día que pasa se vuelve más complicado. Tan sólo se trataba de descubrir al amante de la mujer de un alto mandatario vasco; comprenderán ustedes por tanto que no dé su nombre, además porque me debo al secreto profesional.

En principio no tenía muchas pistas. Sólo sabía que el hombre en cuestión era de Cádiz, se llamaba Manuel Ramírez, que trabajaba en el Puerto de Cádiz y que le conocían con el alias de picha. Así que el individuo en cuestión debía estar bien dotado, ya que además del amante de la mujer del político, eran conocidas sus correrías por el Puerto de Bilbao. También usaba otro sobrenombre: “quillo”.

Con estas pistas, tomé el avión hasta Madrid y de allí enlacé con el tren hasta Cádiz. Llegué a la estación, cogí un taxi y mientras iba camino del hotel, intenté entablar conversación con el taxista. La cosa quedó en eso, en el intento. Porque que yo sepa una conversación es entre dos o más personas, pero el taxista no me daba opción ya que hablaba por los codos, y de modo ininteligible. Lo hacía de forma sumamente apresurada y las pocas palabras que podía cazar al vuelo estaban incompletas. Quise preguntarle por el puerto, pero sabiendo que su respuesta no la entendería, lo dejé para mejor ocasión.

Llegué al hotel “Playa Victoria”, y como mi interés era buscar al tal Manuel Ramírez, en principio consulté la guía telefónica de la ciudad; pero como presumía aquí habían demasiados Ramírez. En mi tierra hubiera sido muy fácil. Así que opté por buscar pistas en su lugar de trabajo. Salí a la calle y pregunté por el puerto. Un señor muy amable me dijo que lo mejor era coger el autobús de los Comes, pero que para eso tenía que ir a Cádiz.

Aquello me desconcertó. ¿Dónde estaba yo?. Empecé a atar cabos. Efectivamente cuando llegué a la terminal de la estación no ponía Cádiz, sino Cortadura. Y además recuerdo que en el trayecto di unas cabezadas; y claro en ese intervalo pudo haber algún enlace, o algo, no sé. Lo cierto es que yo no me encontraba en Cádiz. Pero no debía estar muy lejos.

Paré un taxi y con gesto decidido le dije al taxista que me llevara a Cádiz. El me contestó con ¿a Cádiz a donde?. Y le contesté algo enfadado que a Cádiz, joder, a Cádiz; de una puta vez quiero llegar a Cádiz.

Ya luego el taxista con mucha paciencia y muy despacito me explicó que donde yo estaba era Cádiz, pero no era Cádiz. A ver si lo explico bien. Resulta que la gente de aquí le llaman Cádiz a la parte antigua y desde unas murallas para adelante le llaman Puerta Tierra. Así es que en realidad yo estaba en Cádiz, pero en Puerta Tierra. No sé si lo expliqué bien, pero yo ya lo he entendido.

Llegué por fin a la estación de los autobuses de Comes, pedí un billete para el puerto y me subí al autobús correspondiente. El trayecto fue relativamente corto, si acaso 30 minutos; pero la verdad es que yo creía que Cádiz era más pequeño. Sin duda me habían informado mal. Y además mi trabajo aquí se complicaba, puesto que habría que buscar en una ciudad más grande de lo que pensaba.

Pero mis sorpresas no habían acabado. Llegado a la estación terminal pregunté por el puerto. Mi interlocutor me miró con mal gesto y me dijo que esto era El Puerto. Yo no entendía nada. Ese hombre enfadado y yo no veía barcos por ningún sitio.

La verdad es que el hombre tuvo más paciencia que el santo Job. Me fue explicando poco a poco que aquello era El Puerto de Santa María, pero que por todo el mundo (todo el mundo menos yo) era conocido por El Puerto. Y además me dijo que eso no era Cádiz, que Cádiz estaba allí enfrente. Que El Puerto es un pueblo de Cádiz y que si lo que quería era ir al puerto de Cádiz que cogiera el vaporcito y me dejaría allí mismo.

Total, antes lo de Cádiz, que no era Cádiz que era Puertatierra y ahora que El Puerto es un pueblo de Cádiz y, entonces digo yo ¿cómo le llaman al puerto, al de los barcos, al puerto de siempre?

Subí por fin al que le llaman Vaporcito de El Puerto, que para que lo sepan ustedes no es un barco de vapor. No, porque aquí en Cádiz o donde coño esté ahora, no le llaman a las cosas por su nombre. Si, le llaman vaporcito; pero en realidad es un barco que va a gasoil.

Y llegué por fin al puerto de Cádiz, que aquí lo llaman “el muelle”. Una gracia que me ha costado gran perdida de tiempo y de dinero, que además no sé como justificar ante mi cliente, porque me temo que no me va a creer; y tampoco quiero darle muchas explicaciones porque seguro que voy a ser objeto de burlas.

Bien, obviaré todos estos inconvenientes y pasaré a la acción. De siempre las mejores informaciones se consiguen en los bares, así que me acerqué al bar más próximo al puerto (perdón al “muelle”), uno que se llama “Lucero” y pedí un tubo (de cerveza, se entiende) pero el camarero no lo entendió. Yo más o menos le expliqué lo que quería y él con aire de suficiencia me dijo: “Ah, usted lo que quiere es un bó“. Joder, no sabía yo que también tenían un idioma particular los gaditanos.

Me acomodé en la barra del bar y puse la oreja atenta a lo que allí se cocía. Me acerqué la cerveza a los labios, tomé un trago largo y de pronto escuché la palabra mágica: “Picha”.

¡Dios!, por fin la suerte me vino de cara. Casi no podía creérmelo. Me atoré con la cerveza, me puse perdido, pero merecía la pena. Había encontrado a la persona que estaba buscando. Bendita suerte la mía. Con disimulo me acerqué a los dos hombres que charlaban de un tema que no comprendía, pero tenía que ver con la música y con los coros. Y con un jurado, que por lo visto no tenía ni idea. Gente, sin duda muy creyente. Aunque mal hablada eso sí, se escapaban de vez en cuando, demasiado de cuando en cuando, palabras mal sonantes, que no creo deban reproducirse aquí. Pero, a mí lo que me interesaba era que uno de ellos fuera “el picha”. Y para asegurarme que ese era el tipo que buscaba, pedí otro bó y pegué la oreja a la conversación.

Efectivamente, a lo largo de la conversación, uno de ellos: un tipo bajito (1,65 no más) moreno, 40 años, delgado, que no tenía ni media bofetada, era llamado constantemente “picha” por su compañero de conversación. Jo, pensé, Dios le da pañuelos a quien no tiene nariz. No sé si lo captan ustedes. Porque aquel tipo se estaba trajinando a la mujer de mi cliente. Y aunque esté mal decirlo, porque yo soy un profesional, es una hembra de bandera. No me extraña que a ese tipo le dijeran “el picha”, porque sin duda era lo único bueno que tendría.

Bueno bueno, que me desvío de la trama. Había dado con el individuo, eso era lo importante. Esperé tranquilamente a que acabaran la conversación y seguí al “picha” con la idea de abordarlo sólo y sin testigos. Y ocurrió un caso hasta ahora inédito en mi dilatada carrera. Se encontró con un amigo suyo y al saludarlo le dijo: ¿que pasa PICHA?. Y el otro le contestó: muy bien PICHA, ¿y tú?.

Sí, efectivamente; había dos individuos con el mismo alias. Y a decir verdad, este segundo tipo tenía mejor planta de amante que el escuchimizado de antes. Pero en esto de la investigación nunca se puede descartar a ningún sospechoso. Lo malo de todo esto es que ahora tendría que doblar mis esfuerzos y hacer seguimientos alternativos, para comprobar cual de ellos era el verdadero amante.

Opto en principio por seguir a este último ya que le veo con mejor planta, pero sin descartar, como buen profesional que soy, al tipo escuchimizado. El individuo toma un autobús y allí entabla conversación con un conocido suyo al que llama “quillo”. ¡Dios! Esto se complica a cada paso. Ahora tengo a dos “pichas” y a un “quillo”. Mi instinto de detective me dice que estoy siguiendo una pista falsa. Empezaré de nuevo; así que vuelvo al bar del “muelle” y le pregunto al camarero que si conoce a un tal Manuel Ramírez que trabaja en el puerto. Me dice que con esos datos no le suena y que además El Puerto le queda algo lejos. Caigo entonces en la cuenta y rectifico diciéndole que donde trabaja es el “muelle”. No cae. Le digo entonces que le conocen con el apodo de “picha” y también con el de “quillo”. El tipo del bar se carcajea en mi cara. Y me aclara que aquí todo el mundo es “picha” y “quillo”. La poli, sin duda, aquí lo tiene complicado.

Te estás luciendo Mikel, me digo para mí. Otra cagada. No obstante el camarero me dice que pregunte por “Paco el bigote” que en el muelle es el que contrata a los estibadores. Después de darle todos los datos de que disponía sobre el tal Manuel Ramírez: que según tenía entendido trabajaba en el muelle y que durante seis meses trabajó en el Puerto de Bilbao (lo de los apodos los omití, porque con el cachondeo del camarero ya tuve bastante) aquel me contestó de mala gana, que ya no trabaja allí. Que según tenía entendido ahora trabajaba en la Residencia. Yo le pregunté que ¿en cuál residencia?. Él contestó, con menos ganas que antes, que en cuál iba a ser, joé, pues en la Residencia. Era ya tarde; y como la verdad, había conseguido bastante información, volví al hotel, a comer. Lo de la residencia lo dejaría para la tarde.

Pensé que era buena idea tomar un pescado para el almuerzo, que aquí lo habría de haber bueno con tanta costa. Así que le pregunté al camarero que si tenía pescado. El me contestó que tenía unas “zapatillas mu fresquitas”. A mí sinceramente me importaba un pimiento lo que se calzaba el fulano. Yo lo que quería era comer, y además no sé a qué venía aquello de las zapatillas. El tipo me estaba vacilando o tendría a medias una zapatería con algún cuñado y me hacía la propaganda. Obvié el comentario e insistí en lo del pescado, pero el camarero volvió con lo de las zapatillas fresquitas. Puse mala cara y el camarero debió de notarlo, ya que inmediatamente me aclaró que así le llaman aquí a las doradas. Gente rara esta de Cádiz. No hay Dios que los entienda con lo que corren hablando, las palabras que las pronuncian a medias y para colmo le cambian el nombre a las cosas. Luego dicen que el euskera es difícil.

No, euskera fácil, gaditano difícil.

Después de una pequeña siesta reparadora, volví a la faena. Tendría que averiguar a qué residencia en cuestión se refería “Paco el bigote”. Deduje sin duda de que tenía que ser muy conocida, por la forma en que el susodicho me dijo: ”cual va a ser, joé, pues la residencia”. Perspicaz que es uno.

En la misma recepción del hotel me dieron la información que necesitaba. La Residencia estaba a 100 metros del hotel. Un paseo siempre vendría bien; pero llevaba cierto tiempo andando y no encontré ninguna residencia. Pregunté a un transeúnte y me contestó que me la había pasado, que estaba a dos bocacalles. Así que volví sobre mis pasos, pero yo no encontré ninguna Residencia. Y debía estar allí. Volví a preguntar. ¿Por favor la Residencia?. Pues eso que tiene usted delante. Pero… ¡eso es UN HOSPITAL!. Aquí le decimos la Residencia, me contestó la señora y se quedó tan pancha y de camino me echó una mirada como diciendo, pareces tonto.

Bien, a partir de ahora no volveré a caer en estas artimañas. Porque para mí estaba claro que había algún tipo de complot, y entre todos los gaditanos intentaban marearme con nombres equivocados a cosas que solo pueden tener un nombre.

Investigué en el hospital y saqué un dato importantísimo. Allí trabajaba desde hacía dos meses un tal Manuel Ramírez que estuvo cierto tiempo en Bilbao, según todo ello me confirmó un celador de la Residencia. No pudo decirme su dirección concreta, aunque me dijo que vivía por la Plaza de Toros.

Iba, a pesar de la cantidad de datos “incorrectos”, cercando al sospechoso. Dar con la Plaza de Toros sería tarea simple.

Eso pensé, pero hasta el día de hoy (y llevo quince días aquí) no he conseguido dar con ella. Y tiene que estar ahí, porque una Plaza de Toros es una Plaza de Toros, y a eso no le pueden cambiar el nombre. Y además a todo el que le pregunto me dice que “dos calles más pallá” o una “mijita más palante”. Luego eso confirma mi teoría: hay una Plaza de Toros. Todos me hablan de ella, pero yo no la encuentro. Me estoy, o me están volviendo loco.

Definitivamente dejo el caso. Y como dicen los de aquí, me juannajo.

PD: La Plaza de Toros de Cádiz fue derruida a los 17 años de su clausura, el 15 de mayo de 1976 el ayuntamiento acordó el derribo total ante el peligro de hundimiento, la gente de allí seguirá diciendo: “eso cae en donde la plaza de toros” refiriéndose al lugar en el que estuvo. Como si en Barcelona te dijeran eso está donde el sarriá.


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Buenísimo :joy::joy::joy:


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Un señor odia al gato de su mujer porqué no hace más que arañarle a traición y decide hacerlo desaparecer. Lo mete en una bolsa y lo lleva en el coche a 20 kilómetros de su casa.
Cuando vuelve, el gato está sentado en el portal de la casa. Nervioso, el tipo repite la operación, pero ahora lo abandona a 40 kilómetros de su casa. Cuando vuelve, el gato otra vez está esperándolo en la puerta.
El hombre enfadado; agarra el gato, lo pone en el coche y recorre 93 kilómetros al este, 30 al norte, 27 al oeste y 25 hacia el sur… Suelta el gato y emprende el regreso a casa.
Al cabo de un rato, llama a su mujer por el móvil y le dice:

  • Cariño, ¿el gato está por ahí?
  • Acaba de llegar, ¿por qué, querido?
  • Pon a ese desgraciado al teléfono, que me he perdido!!!

#3482
  • Una suegra salió a pasear con uno de sus tres yernos. Mientras pasaban por el parque, la señora se resbala, cae en el lago y se empieza a ahogar. Sin dudarlo un momento, el yerno se tira al agua y la rescata.
  • Al día siguiente, el yerno sale y encuentra un coche último modelo con una nota pegada en el parabrisas: "Gracias de parte de tu suegra, que te quiere. "
  • Una semana después la suegra sale a pasear con su segundo yerno. Al pasar por el mismo lago, la señora se vuelve a resbalar y cae al agua. De inmediato su segundo yerno se mete al lago y la salva.
  • Al día siguiente, el segundo yerno encuentra frente a su casa un coche último modelo y una nota que dice: " Gracias de parte de tu suegra, que te quiere."
  • Una semana más tarde la suegra sale a pasear con su tercer yerno. La historia se repite, y la señora se cae al lago.
  • Sólo que esta vez el yerno se sienta en el suelo y se ríe mientras ve a la señora ahogarse y hundirse en el agua.
  • Al día siguiente, el tercer yerno sale y encuentra un coche último modelo con una nota en el parabrisas: "Gracias de parte de tu suegro, que te quiere. "

#3483

Iba un hombre caminando por la selva, cuando de pronto lo rodea un grupo de salvajes caníbales, y se veía que no tenían muy buenas intenciones.

  • ¡Ya estoy muerto!
    En eso, el cielo se abre, aparece un rayo de luz y se escucha una voz profunda que le dice:
  • No, todavía no, lo que debes hacer es quitarle la lanza al jefe caníbal y clavársela a su hijo en el corazón.
    Entonces, el hombre pelea con el jefe, le quita su lanza y se la clava en el pecho al pequeño que estaba junto a él, ante el asombro de todos los caníbales. El hombre mira al cielo otra vez, y vuelve a escuchar la voz:
  • Ahora sí ¡Ahora si que estás muerto!

#3484

Estaba una mujer con su amante y de repente oye que el marido abre la puerta.

  • ¡Date prisa! - le dice al tipo - ¡Quédate de pie en la esquina!
    Rápidamente le frota aceite de bebé por todo el cuerpo y luego le espolvorea con polvos de talco.
  • No te muevas hasta que te lo diga, le susurra ella, simula que eres una estatua.
  • ¿Qué es esto, querida? - le pregunta el marido al entrar.
  • ¡Ah, sólo una estatua!, responde ella con naturalidad-, los Pérez compraron una para su dormitorio, me gustó tanto que compré una para nosotros también.
    No se habló más sobre la estatua, ni siquiera por la noche cuando se metieron en la cama. A las dos de la madrugada, el marido se levanta, va a la cocina y vuelve con un sandwich y un vaso de leche.
  • Toma, le dice a la ‘estatua’, come algo. Yo me estuve como un idiota durante tres días en el dormitorio de los Pérez y nadie me ofreció ni siquiera un vaso de agua.

#3485

Una mañana de Domingo, a las 08:00 horas, una rubia encantadora llama a su novio muy alterada:

  • Tienes que venir a ayudarme. Tengo un puzzle y no soy capaz ni de empezar!
  • ¿Qué clase de puzzle?
  • Según la foto de la caja, es un tigre.
    Como a él se le dan muy bien los puzzles decide pasarse a echarle una mano, así que se pone los pantalones y se va. Entra y se acerca a la mesa donde están todas las piezas dispersas al lado de la caja. Mira las piezas, luego la caja y al cabo de un rato se vuelve hacia ella:
  • Bueno, para empezar, lo siento mucho, pero no veo como unir estas piezas para formar el tigre, y segundo, te aconsejo que te relajes, te tomes un café y después
    metas los Froskies de Kellogs en su caja.